La semana que viene va a dar comienzo el carnaval con el jueves lardero, día en el que todo fontaniego que se precie marcha al campo a comer. Su origen, como el del carnaval, hay que buscarlo en la Edad Media y tiene connotaciones religiosas. Es el jueves anterior al miércoles de ceniza, que da origen a la cuaresma, época religiosa en la que el consumo de la carne estaba restringido y se practicaba el ayuno y la abstinencia. Era, en definitiva, la última semana en la que los católicos podían disfrutar de la carne en todas sus formas antes de comenzar el periodo de reflexión y recogimiento que marca la cuaresma para preparar el cuerpo y el espíritu de cara a la Semana Santa. Según la RAE, lardero significa gordo, mantecoso, copioso y abundante. Este significado lo dice todo. Por ello, el jueves lardero es el día del exceso de carne, de la abundancia sobre la mesa. En el de Fuentes no pueden faltar tres viandas, el entornao, las castañas secas o pilongas y el palmito.

Después vendrán los días del carnaval propiamente dicho, que está declarado como fiesta de interés turístico. Los estudios etnológicos han encontrado en estas fiestas elementos de antiguas fiestas paganas, las dionisiacas griegas o las saturnalias romanas. En la Edad Media, en la vieja sociedad rural, fuertemente estructurada por el cristianismo, el tiempo de "carnestolendas" o carnaval ofrecía mascaradas rituales de raíz pagana y un lapso de permisividad que se oponía a la represión de la sexualidad y a la severa formalidad litúrgica de la cuaresma. El carnaval es una fiesta que se celebra tres días antes del comienzo de la cuaresma.

La palabra "carnaval" tiene su origen en el latín “carnevale”, compuesta por carne (carne) y vale (adiós). Por tanto, es la despedida de la carne por los ayunos y abstinencias de los próximos cuarenta días. Es decir, es una fiesta para satisfacer las necesidades de la carne (cuerpo), para poder quitarlas de la mente y dedicarse a las propias del espíritu, teniendo presente siempre el axioma "la carne es débil". Significa asimismo la tolerancia que la iglesia católica concede a sus feligreses antes de iniciar la cuaresma, tiempo antes de la primera luna llena de primavera, cuando se celebra la Semana Santa.

Hay que tener presente que la iglesia tomó ciertas costumbres de la cultura pagana y las "bautizó”, adaptándolas al pensamiento cristiano. Como las celebraciones en honor a Carna, hija de Helerno, diosa de las habas y el tocino, que se hacían en las kalendas de febrero a base de un desenfreno y consumo desproporcionado. O como las de la antigua Roma, con la llegada de la primavera y el arribo de Flora, diosa de la vegetación, deidad que estaba asociada a los periodos agrícolas y a la sexualidad. O cuando Baco se hacía presente, procedente del mar, montado en un suntuoso carro alegórico que semejaba un navío. Las bacanales eran las fiestas anuales del vino, en las que se bebía sin medida. Las sacerdotisas que participaban en las ceremonias se llamaban bacantes y su nombre ha quedado asociado a las orgías romanas, aunque inicialmente eran fiestas solo para mujeres. A esta festividad se la conocía como carrus navalis, pero cuando la iglesia en el medievo pretendió cristianizar esta festividad, la sustituyó por carne levare, basándose en su equivalencia a un adiós, acorde con hacerla antes del inicio de la cuaresma y con ella, la abstinencia.

Las celebraciones del carnaval estuvieron siempre muy implantadas en los pueblos agrícolas y muy relacionado, por tanto, con el clima y el agro. Su explicación es bien sencilla: en los pueblos y en las aldeas se consumía en cada hogar lo que producían, productos que eran guardados para pasar el invierno, época de escasa producción de alimentos, tanto vegetales como animales. El frío de esta estación conservaba los alimentos. Con la llegada de la primavera se producían dos efectos. Por un lado, comenzaba a subir la temperatura y eso podía iniciar la pudrición de los alimentos. Por otro, la nueva estación que llegaba preñaba los campos y las hembras de los animales domésticos. Se iniciaba una nueva explosión de vida, que venía acompañada de esperanza hacía nuevas recolecciones de cosechas, que supondrían el inicio de un nuevo ciclo vital.

Por ello, para evitar la pérdida de alimentos, se organizaban grandes comidas para dejar limpias las despensas, sin ningún producto animal que pudiera descomponerse. Lo llamaban el lunes limpio. A continuación, vendría el ayuno, pues aún no estaban los frutos de primavera y había que esperar que llegase el equinoccio. De este modo, una necesidad se fue transformando en virtud, lo que era evidentemente muy humano. Para imponer esta sabia costumbre se necesitaba contar con una narración que fuera comprensible a la gente; tener un mito que asegurase la obediencia. La iglesia cristiana basó este mito en la explicación de la cuaresma, permitiendo la gran celebración de la comida los días anteriores a esta festividad y los días de ayuno y abstinencia en los 40 días de su duración.

En Fuentes, como en otros muchos lugares de la geografía española, se celebra el gran día de la comilona el jueves lardero, mientras que los días siguientes serían los días de desenfreno y permisividad, los días de carnaval. A partir del siglo XIX, el carnaval irrumpió en la burguesía, apareciendo las celebraciones sociales de salón con la incorporación de la música propia de estas reuniones y los disfraces de épocas imperiales. Sin embargo, el pueblo llano, carente de las mínimas posibilidades económicas, recurría a los cuatro trapos que encontraba en los baúles de la casa para hacerse el disfraz correspondiente y taparse la cara para proteger su identidad. Sus salones eran la calle misma que recorría una y otra vez, cambiando su voz para evitar su reconocimiento y alterando la figura de su cuerpo con almohadas u otros materiales. En las clases populares, las mujeres fueron un sujeto muy importante en la celebración del carnaval ya que esta fiesta, que era transgresora de las normas establecidas, le permitía abandonar sus ollas y quehaceres caseros, a los que estaba sometida durante todos los días del año y lanzarse a la calle libremente sin tapujos ni cortapisas.

El carnaval es, además, una fiesta cargada de símbolos y rituales. En épocas de opresión constituía una válvula de escape y, además de su significado religioso, ha tenido un significado político y social muy importante. Por eso han proliferado los grupos musicales, comparsas, chirigotas y otros que, con acompañamiento, musical se han dedicado a sacar coplillas que sirven de crítica a la vida social, política e institucional de las ciudades y pueblo donde radican.