La propagación de las ideas políticas funciona en la sociedad de forma parecida a los virus y a la replicación de los genes en la biología. Existe una teoría o ciencia, la memética, basada en los principios de la evolución de Darwin, según la cual los memes (ideas políticas o conceptos culturales) tienen el mismo comportamiento que el ADN. Las ideas y los conceptos culturales son capaces de replicarse iguales a sí mismos de forma indefinida y transmitirse de portador a receptor cuando se dan las condiciones favorables. A veces se producen accidentes genéticos que raramente dan como resultado mutaciones y, como consecuencia, seres diferentes de los originales. Como los virus, los memes -las ideas- aprovechan la debilidad del sistema inmunitario cerebral -un mal universalmente conocido como ignorancia- para transmitirse entre individuos.

Los genes y los memes se diferencian en que los primeros se transmiten únicamente en sentido horizontal y los segundos lo hacen tanto vertical como horizontalmente. Siempre van de un portador a un receptor. Hay portadores pasivos -que no hacen apostolado- y portadores activos, que sí lo hacen. Estos últimos son los mayores propagadores de una enfermedad que si se refiere a la forma de vestir adquiere el nombre de moda, si a la música es denominada tendencia, si a la religión es llamada confesión y si tiene que ver con la política es ideología. Según la ley universal de la selección natural que Darwin enunció en el siglo XIX, los genes-ideas con más capacidad de reproducirse acaban imponiéndose sobre el resto, que devienen minoritarios o son eliminados del ecosistema social.

De esta forma, las teorías de Darwin y la memética servirían para explicar la pandemia política que asuela el planeta desde hace unos años. El meme es un concepto de unidad cultural equivalente al gen en la biología. La lerditis, que se transmite por imitación o por aprendizaje social, es una pandemia cuya consecuencia es la proliferación de cretinos con síntomas tales como el odio, la exclusión, el supremacismo, la inhumanidad, el egoísmo y la violencia. En este sentido, la actual pandemia de estupidez que se extiende por todo el planeta es fruto de dos factores coincidentes en el tiempo: la enorme ignorancia política existente, combinada con la mayor campaña de desinformación y manipulación que haya conocido nunca la humanidad.

Esos dos fenómenos, ignorancia política y manipulación de carácter planetario, junto a la ausencia de vías de escape -alternativas políticas creíbles- han dejado exhausto el sistema inmunitario mental de cientos de millones de personas, convertidas en receptoras propicias para el gen de la memez. Hay que tener en cuenta que la dolencia afecta por igual a personas carentes de formación académica como a quienes la tienen sobrada. La ignorancia política puede afectar a los universitarios y a los que no pasaron de la enseñanza primaria. Afecta a los jóvenes y a los viejos, a los pobres y a los ricos, a los que viven en el centro de las ciudades y a los que sufren las penurias de la periferia. Todos responden al mismo patrón de comportamiento que consiste en babear ante los discursos que prometen soluciones simples y rápidas a problemas complejos.

La nueva pandemia aún no ha producido muertos, pero hay síntomas en el horizonte que indican la posibilidad de que puede acabar produciéndolos, de forma masiva, en el caso de que proliferen los brotes colectivos de sinrazón y estupidez. Los memes de la memez son en este momento las órdenes de comportamiento cultural y político más extendidas del planeta gracias al poder de las redes sociales a los telepredicadores e influencers. Contra ellos no hay mascarilla que valga para atajar la nueva pandemia que se extiende como la pólvora. Ni vacuna de efecto inmediato. El único tratamiento conocido es la inyección en vena de cultura política, pero el remedio es caro, surte efecto de forma lenta y, sobre todo, va contra los intereses de las clases dominantes, por lo que no es previsible otra cosa que la catástrofe. Disculpen el pesimismo.