El jueves lardero es el reino del clan por antonomasia. Fuentes tiene otras formas de organizarse, como la familia, la escuela, la hermandad, el equipo de fútbol o el club ciclista, pero ninguna tan intensa y perdurable como la del clan. Si Gurb, el extraterrestre creado por el escritor Eduardo Mendoza, aterrizara por Fuentes diría que los habitantes de este planeta siguen rigiéndose por las reglas básicas de la tribu. Eso sí, con nombres propios del siglo XXI. Por ejemplo, en este jueves lardero habría visto al clan de los jipis (en la fotografía que abre esta crónica) compuesto por los universitarios fontaniegos desparramados por buena parte de la geografía andaluza y más allá. Tienen en común que aportan de su bolsillo el dinero para las bebidas pero, sin lugar a dudas, las croquetas, el pollo empanado, la tortilla de papas y mus de limón lo ponen sus madres. Como el resto del año.

Este jueves no hay que dejarse engañar por las apariencias. Los jipis no lucen en esta ocasión la indumentaria propia de su especie porque se han duchado para la comida campestre. La treintena de miembros del clan vuelven a Fuentes desde Sevilla capital, desde Córdoba, Cádiz y hasta Valencia. Les une a la familia, además del táper con croquetas, que son Piojos, Cochovas, Chicos la Parrita, Trapitos, Matapollos o Borregos. Ésos son los subclanes. Gurb vería que también se organizan por edades. Los de mayor edad disfrutan de más viandas sobre las mesas y que tienden a agruparse en el interior del recinto vallado, mientras que los jóvenes muestran cierta rebeldía juntándose lejos del vallado, más o menos en el extrarradio de lo que todos llaman el Molino de Viento o parque rural.

El clan de Las Colorás

Entre los de mayor edad vería Gurb un curioso clan que se hace llamar Las Colorás, compuesto por media docena de parejas, aficionadas a viajar mucho. Aunque en este grupo social conviven hombres y mujeres, beben en vasos de color lila en homenaje al inminente Día de la Mujer. Como la mayoría de clanes, ponen en común una cierta cantidad de dinero para comprar comida y bebida para el jueves lardero, pero Las Colorás administran tan bien los recursos que han logrado que les sobren fondos que usarán para la comida del domingo piñata previa a la marcha para la Carrera, donde disfrutarán del carnaval. Cada mes programan dos viajes, tarea encomendada a Fofi, delegada de Fiestas.

A veces Las Colorás, amigos y amigas desde la infancia y después en el colegio Santa Teresa, tienen que viajar con la imaginación, pero no es el caso del próximo, que harán la travesía Sevilla-Sanlúcar de Barrameda. En el clan predominan las mujeres y los Pepes, si bien hay un Capón, una Lana, un Bernardo, un Pachi, una Sebas, una Joaquina, una Loli y una Chamarina. Una peculiaridad es que ellas heredan casi siempre los motes de los maridos. Hay poco más que heredar en muchos casos. Por suerte, los dolores, que siempre llegan con la edad, son personales e intransferibles, dicen ellas.

El clan es un bien de primera necesidad para vivir en Fuentes. Un bien más imprescindible incluso que la vivienda y el vestir. Sin clan en Fuentes estás perdido, no eres nada. Por supuesto, más necesario que el apellido. Sin apellido eres Gato, Pollo, Borrego o Matapollos. El apellido es un elemento de orden civil, legal, administrativo, cuyo rango es muy inferior al mote, que es la verdadera identidad social del fontaniego. En Fuentes, sin mote desapareces engullido por la burocracia. Tal vez por eso algunos apellidos obran el milagro de transformarse en mote, fenómeno exclusivo de este pueblo.

En ese magma uterino del mote se despliega el jueves lardero con todo su fulgor. Un jueves lardero que este año luce de forma especial por ser festivo local y porque mañana viernes es el día de Andalucía, jornada no laborable. La suma de festivos, junto al sábado y al domingo propicia un jueves lardero con el máximo esplendor. Buen tiempo, buena comida y buena compañía, junto al carácter festivo del día, dan este jueves su máximo esplendor en puertas del carnaval. Que siga la fiesta.