Que hoy en día nazca un medio de comunicación, por muy pequeño y modesto que sea, es una maravillosa y necesaria locura. Y más lo es si su razón de ser es algo tan esencial en el periodismo, tan sencillo y difícil a la vez, como contarle a la gente las cosas cotidianas y cercanas que le pasan y que le pueden importar, y todo ello, según su declaración de intenciones, desde el rigor, la honestidad, la información veraz y el repudio de la mentira.
Desde hace años, el periodismo está muy enfermo, y desde el covid-19 aún más; el virus le ha mandado a la UCI. Se trata de una profesión castigada por numerosas pandemias. El cúmulo de males es un tsunami perfecto y devastador. Las crisis tecnológica, económica, laboral, de modelo, de calidad o de falta de ética se han sumado y están azotando al oficio más bonito del mundo y al más necesario en toda sociedad democrática.
El periodismo, porcentualmente, tiene más parados que ningún otro sector, y también más falsos autónomos. En todos los medios de comunicación, ya sean de prensa, radio, televisión o internet, se han aplicado ERE o ERTE (desde el estado de alarma, en marzo de 2020, todos están en ERTE, si no han cerrado). Los despidos, los recortes salariales y sociales, y el trabajo gratis son situaciones normalizadas. El papel está a punto de desaparecer, con las ventas de periódicos e ingresos por publicidad batiendo récords negativos históricos. El futuro está en internet, pero aún no se ha encontrado el modelo ideal que lo haga viable. La extrema precariedad conlleva que la calidad se haya resentido de manera muy importante. Y, además, está el paro y el hambre de los periodistas, que ponen en peligro la libertad de información y que se convierten, junto a otros intereses bastardos e inaceptables, en los principales aliados de la mentira comunicativa que hoy invade nuestras vidas.
En este panorama, que es para echar a correr, se buscan soluciones, y personas osadas, con ganas e ideas, que, sobre todo, amen el periodismo y crean en su función social y pública. Y, en ese camino, aquí está este medio de comunicación que acaba de nacer en Fuentes de Andalucía: Fuentes de Información, y un ‘loco’, experto y buen periodista: José Bejarano. Todo un regalo para la ciudadanía que, en un momento de tanta información desinformada, lo que desea es que le cuenten la veracidad de las cosas.
Imagino que Fuentes de Información arranca como un medio humilde, pequeñito y modesto, pero estoy convencido de que también lo hace con la mayor ambición posible de que los habitantes de su lugar de nacimiento y ubicación, y cuantos lectores se acerquen a él, sepan qué sucede en su entorno más inmediato, y todo desde la decencia y la información veraz. La información cercana, la local o hasta la hiperlocal, es absolutamente necesaria. Es la que le toca a la gente, y la que toca la gente. Es, incluso, uno de los posibles modelos viables de presente y futuro del periodismo. Por ello, como presidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla, le deseo larga y bonita vida a Fuentes de Información, porque ello supondrá una larga y bonita vida para la buena salud informativa y democrática de la ciudadanía que lo lea.