Más de un centenar y medio de personas se reunieron el pasado fin de semana en Fuentes. Todos tenían dos cosas en común: eran descendientes de una misma familia y sus raíces estaban en Fuentes, aunque las ramificaciones ya se hayan extendido por otros muchos lugares. La historia comenzó hace más de un siglo (posiblemente a inicios de 1900), cuando Francisco Pérez Àvalos, natural de Priego de Córdoba, llegó a nuestro pueblo y fundó una tienda de tejidos en plena calle Mayor, en el rincón situado junto a lo que fue la plaza de abastos. Se casó con la fontaniega Rosalía García Rigalt y de esa unión nacieron nueve hijos. Varios de ellos se instalaron en pueblos vecinos -La Luisiana, Carmona, Palma del Río- creando a su vez otras tiendas de tejidos y todas tomaron por nombre el de “Pérez Ávalos” en honor al fundador.

La familia, ya numerosa de por sí, siguió creciendo en otras familias igualmente numerosas y los pérez se mezclaron con los aliagas, los fernández, los peñarandas, los gameros, los lópez, los benítez, los rojas y los garcías. Muchos abandonaron Fuentes, otros se quedaron. Algunas tiendas siguen abiertas, otras cerraron, pero aun en la distancia física y emocional provocada por las ausencias y las circunstancias, los Pérez Ávalos siguieron reconociéndose en esos apellidos. Y lo más curioso es que el Ávalos ya no existe, se ha perdido. El segundo apellido del que comenzó la saga se ha ido diluyendo en el paso de generaciones y solo queda en la marca de las tiendas.

Todos fueron convocados el pasado fin de semana y la cita no podía ser en otro lugar más que en Fuentes. Algunos estaban en casa, pero otros muchos llegaron desde Sevilla, Málaga, Extremadura, Alicante, Huelva, Madrid, Londres… La reunión sirvió para volver a las raíces y para que los más jóvenes se conocieran. Siete de los nueve hijos de Paco y Rosalía aún viven (varios por encima de los noventa años) y en el reencuentro se juntaron cuatro generaciones. Ninguno se apellida Ávalos, pero todos saben lo que ese apellido significa y de donde viene.

Nota al margen: (Por cierto, el que escribe estas líneas forma parte de esa familia. Es un Pérez al que cuando comenzó en el periodismo sus compañeros se empeñaron en llamar Gamero -por parte de madre- y Gamero se le quedó)