Pido a los lectores un ejercicio de imaginación ¿Se imaginan un mundo sin información veraz y sin periodismo, o con un periodismo muy, muy debilitado? ¿Se imaginan un mundo en el que la manipulación y la mentira sean los principios en los que la ciudadanía sustenta y basa sus decisiones? ¿Se imaginan un mundo en el que los sistemas democráticos se vean expuestos a continuas maniobras interesadas en las que los hechos reales y verificables no importen, porque la maquinaria digital imponga como relato “su verdad”? Ya pueden dejar de imaginar porque no hay nada que imaginar. Lamentablemente, las preguntas las podemos convertir en respuestas, porque son la realidad de hoy.
Como periodista, como presidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla (APS), y como persona, siento dolor, rabia, asco e impotencia ante las mentiras, los bulos y la manipulación que hacemos y contamos dentro y fuera del periodismo. Mentiras que nos han llevado a la desinformación global en la que vivimos, que se ha convertido en un problema planetario. La desinformación es la mayor amenaza del momento y de los próximos años, para el periodismo, la democracia y la ciudadanía. El poder digital de la comunicación, que es el verdadero poder, con las redes sociales, las plataformas, la Inteligencia Artificial y también con medios de comunicación, domina nuestras vidas. Son instrumentos en manos de unos pocos malos, que tienen mucho poder, que fomentan el odio, la crispación y el fango, y que provocan mucho daño.
La información es un servicio público, un derecho fundamental. La información es honestidad y veracidad y, como dice Iñaqui Gabilondo, es también utilidad. Si no es honesta, veraz y útil, la información no es periodismo, es otra cosa. A todo periodista y a todo medio de comunicación hay que exigirles que no mientan. Si un periodista y un medio mienten ni son periodistas ni son medios de comunicación. Esos periodistas y esos medios son agitadores, activistas sin escrúpulos que, por dinero o por ideología, buscan otra cosa, y eso no podemos tolerarlo, porque no es periodismo.
La situación es también una oportunidad para que el periodismo pueda reconstruirse, para que haga su verdadera función y para que recupere la credibilidad perdida. Los periodistas y los medios de comunicación, desde dentro, superando presiones políticas y económicas, tenemos que denunciar, combatir y eliminar la manipulación y la mentira, y ser un escudo frente a la desinformación. Las mentiras y sus consecuencias no nos pueden derrotar. El periodismo honesto y veraz que hacen muchos compañeros y medios tiene que triunfar. Para ello, los periodistas tenemos que ser activistas comprometidos de la honestidad y la veracidad.
La APS, desde hace muchos años contracorriente y casi en soledad, ha hecho de la lucha contra la desinformación, la mentira y la manipulación su razón de ser. Por ello, hoy, la APS se congratula de que el Parlamento Europeo, por una amplia mayoría, haya aprobado medidas para combatir la desinformación y estudie otras ante el evidente riesgo de lo que hace o pueda hacer la Inteligencia Artificial. El reglamento europeo es de obligado cumplimiento en los 27 países miembros, incluido España. El gobierno español, antes de agosto, tendrá que definir y aplicar qué es un medio de comunicación y cuestiones tan necesarias e importantes como la alfabetización mediática, la transparencia y la publicidad institucional, de la que viven exclusivamente buena parte de quienes desinforman y mienten.
En este contexto, una vez más, una reflexión sobre el papel de los medios públicos, sea cual sea su ámbito. Un medio de comunicación público no puede desinformar, ni mentir ni manipular; no puede estar al servicio del partido que gobierne. Un medio público es de todos, porque el dinero con el que funciona es de todos. Por desgracia, no es así. Hay medios públicos que, para vergüenza de la profesión y estafa a la ciudadanía, se han convertido en la voz de su amo, trabajan al dictado del gobierno de turno y son el paradigma de la manipulación y la desinformación. Eso no puede ser, tiene que ser todo lo contrario.
Un medio público, los periodistas de un medio público, tienen que ser el referente de la lucha contra la manipulación y la mentira. Los compañeros y compañeras que trabajan en un medio público tienen que ser conscientes de la responsabilidad que tienen ante la sociedad en la defensa de la honestidad y de la veracidad, en la obligación de hacer buen periodismo. Actuar en otro sentido les convierte en cómplices.
El catedrático de Periodismo, Ramón Salaverría, dice que “si las mentiras fueran estrellas fugaces, estaríamos permanentemente en plena noche de Perseidas”. Llámenme iluso, pero sueño con que llegue el día en el que podamos decir que vivimos permanentemente en plena noche de Perseidas porque las estrellas fugaces de la información honesta y veraz han invadido el cielo y nuestras vidas.