En el marco de la iglesia de la Encarnación, y con Nuestro Padre Jesús de la Santa Vera Cruz entronizado en su paso procesional presidiendo el templo, la Tertulia Cofrade “El Sahumerio” celebró ayer su tradicional acto de exaltación de la Semana Santa. A su llegada, los asistentes se toparon con la estampa de la iglesia en penumbra, en cuya oscuridad resaltaba el crucificado de la Vera Cruz, un piano de cola y el cuadro del cartel cubierto sobre una mesa barroca llena de ornamentos que simulaban una sacristía.
En el transcurso del acto, la tertulia invitó al sacristán de Santa María la Blanca, Faustino García, a desvelar el cartel “El Sahumerio 2025”, conjuntamente con el autor del mismo, el artista Iván Suazo, y que protagoniza la bella Dolorosa de Cristóbal Ramos –finales del siglo XVIII– que preside la sacristía del templo parroquial fontaniego. De este modo, tanto la obra en sí como la convocatoria se convirtieron en un reconocimiento a Faustino por sus más de veinticinco años de sacristán y ante su inminente jubilación. Junto al deleite artístico de la obra de arte en sí, los asistentes disfrutaron de la interpretación de música procesional en directo en las manos de Carlos López Arregui, en un piano de cola; y la reflexión por medio de la palabra del periodista y escritor Paco Robles, que fue el encargado de exaltar el cartel de 2025, el cuál alcanza su vigésimo primera edición.

El autor Iván Suazo describe su obra de la siguiente manera: “me inspiré en el trabajo de artistas como Käthe Kollwitz, Joel-Peter Witkin o Álex Gambín, todos ellos referentes y unidos en el empleo del blanco y negro. De ellos tomé prestada esa estética oscura y lúgubre tan ligada al sentimiento de desgarro. El desgarro como tema principal de un cartel que nos anuncia la nueva Semana Santa con la figura de María, Madre Corredentora y única protagonista de este dibujo a grafito, rotulador y spray sobre papel”.
“Papeles, dibujos y tránsfers aparecen aquí desgarrados con la intención de representar el dolor de la Madre ante la pérdida del Hijo amado. En la bellísima Dolorosa de la sacristía de la iglesia de Santa María la Blanca encontré toda la inspiración necesaria para poder transmitir esa sensación de rotura y dolor en el alma que me interesaba plasmar, a la misma vez que pretendía que, más allá del dolor desgarrado, la obra tuviese también una lectura esperanzadora”.
“Como ocurre con estos papeles, el dolor en ocasiones nos rompe y nos hace mutar con un nuevo propósito. En todo ejemplo de resiliencia hay un acto previo de abrazar ese dolor que se vuelve algo necesario para poder avanzar y seguir adelante. La acción de dibujar sobre papeles y materiales rotos me trae hasta aquí para poder establecer esa analogía de forma sencilla y empezar a crear desde la destrucción previa, utilizando un lenguaje sin obstáculos, claro y directo”.