El viernes pasado, con motivos del Día de Andalucía, el ayuntamiento de Fuentes de Andalucía en el acto institucional le concedió una Mención Honorífica de la Villa a Sebastián Martín Caro (a título póstumo), Bernardino Caro López, Salvador Galán Sarria, Fernando González Tortolero, Antonio León Flores, Bartolomé Becerril Lora y Diego Gutiérrez Ruiz (a estos tres últimos también a título póstumo). Asimismo, otorgó el título de Hijo Predilecto de la Villa, a título póstumo, a José Navarro Carrero “El Niño de Fuentes”. La razón para concederles la mención honorífica de la villa es la trayectoria de estos políticos y, especialmente, por su lucha contra el régimen franquista en los años de la posguerra, cuando la dictadura mostraba su cara más dura en la persecución de las libertades. Todos ellos eran militantes del clandestino Partido Comunista de España (PCE), liderado en Fuentes por Manolo González “Robustiano”.
La muerte de “Robustiano” dejó a la organización obrera fontaniega casi paralizada porque los hombres que estuvieron con él redujeron su actividad al contacto entre ellos y poco más. Sin embargo, su muerte también supuso la apertura a nuevos miembros en la dirección del PCE y con ellos la entrada de nuevas ideas organizativas y de oposición al poder establecido, incluso incorporándose a la organización provincial de la que formaron parte.

Será a partir de la política de reconciliación nacional y del fusilamiento de Julián Grimau en 1963, cuando el PCE local va a ir adquiriendo un peso importante en la sociedad fontaniega. El que inicia los contactos con el PCE sevillano fue Fernando González Tortolero “Robustiano”, hijo de Manolo, que mantuvo contactos con otro fontaniego, Juan León Flores “Celestino”, afincado en Sevilla y miembro del PCE provincial. De estas reuniones nació la necesidad de reorganizar el partido que estaba desconectado de la dirección de Sevilla. Antonio León Flores “el Cateto”, como era conocido entre los compañeros del taxi sevillano, fue de gran ayuda en la organización del partido local. Estaba casado con Juana, hija del Tío de los Hierros, por lo que venía con frecuencia al pueblo y traía información de los acontecimientos que se daban en los diferentes sectores productivos sevillanos: taxi, metal, construcción, química, y otras.
En 1964, Fernando organizó una reunión a la que asistieron “Navarrito”, Manuel “el Bomba” y José Morón, además de Juan León Flores y Antonio García Cano, miembros del comité provincial. En ella se planteó la política activa del partido: crear y consolidar el movimiento obrero e ir fortaleciendo poco a poco el PC local. Meses después tuvo lugar otra reunión más amplia a la que asistieron, además de los anteriores, Sebastián Martín “Catalino”, Francisco “el Penco”, Francisco “el Monumento”, Bernardino Caro López y “Michiclorio”. En las diferentes y continuas reuniones se planteó la idea de tener contactos con los jóvenes obreros del pueblo, acordándose que Fernando González se hiciera responsable de la organización de ellos por pertenecer a la cuadrilla de Antonio Gutiérrez, formada principalmente por jóvenes, mientras que en Sebastián Martín recayó la organización y coordinación de los mayores.

A partir de entonces al PCE local se fueron incorporando jóvenes militantes que aportaron nueva sabia y nuevas formas de dialéctica. Con ellos se iniciaron las primeras reivindicaciones laborales del campo fontaniego: jornada laboral de 8 horas, paro de 10 minutos de descanso en la jornada, descanso los domingos y festivos y libertad religiosa de los obreros. Las células de la incipiente organización del PCE local la constituyeron las cuadrillas de jornaleros, entre las que destacó la cuadrilla de Antonio Gutiérrez. Formaron parte de ella los futuros dirigentes del partido Fernando González, Salvador Galán, Juan Villares, los hermanos Gutiérrez Diego y Pepe…
Cada día el Partido era más fuerte y estaba presente en la búsqueda de soluciones, sobre todo del paro obrero, tan presente en la época. Así se pueden destacar, entre otras acciones de enfrentamiento con las autoridades locales, la asamblea con el alcalde Herrera Blanco en el cultural con la intervención de Salvador Galán afeándole al anterior que sólo hablase de mitigar el paro cuando el problema era más profundo y requería soluciones menos provisionales; la pintada que hicieron Salvador y Pepe Gutiérrez en el Pilarillo –actualmente donde está el bar El Pilar- para reclamar la limpieza del lugar con el lema LIMPIEZA, POR FAVOR, o la realizada por otro grupo, dirigido por Sebastián Martín, en las paredes del matadero, con la frase LA JUVENTUD CONDENA EL ABANDONO DE LA ALAMEDA.

Otro importante acontecimiento fue la celebración del Primero de mayo en los Pinos. Sebastián Marín invitó a los obreros del pueblo a la celebración del Día del Trabajo, en lugar de San José Obrero, como lo hacía el régimen franquista. Con la excusa de la petición de mano de su novia y celebrar la llamada “toma de dichos”, celebraron una comida de hermandad a la invitaron, además de a los obreros, a personas pertenecientes a sectores progresistas y a estudiantes comprometidos con las ideas de izquierdas. Tras la comida, Sebastián se dirigió a los asistentes dándoles a conocer el significado de la fiesta del trabajo. Tras la celebración y comida, regresaron al pueblo en manifestación gritando ¡Viva el Primero de Mayo! ¡Viva la libertad! Al subir la calle Mayor se encontraron con la Guardia Civil que disolvió la manifestación.
La acción más importante de estos años de la posguerra fue el asalto por los militantes comunistas a los órganos del sindicato vertical llamado Hermandad de Labradores y Ganaderos. Con el apoyo de la asamblea plenaria, los trabajadores del campo consiguieron que tres militantes consiguieran ser nombrados para puestos de dirección de dicha Hermandad. Así, Francisco Bejarano López fue nombrado jefe de la sección social y en la sección económica estuvieron Felipe Jiménez “el Tolito” y José Morón, que posteriormente fue nombrado presidente de la Hermandad de Labradores y Ganaderos.

En los últimos años de la década de los 60 del siglo pasado se recrudeció la represión política contra los comités provinciales y locales del PCE. Así, fueron detenidos varios militantes comunistas de la provincia y juzgados por el Tribunal de Orden Público. La detención de los ahora homenajeados por el ayuntamiento se produjo de la forma siguiente: a Bernardino fueron a detenerlo al cortijo Las Monjas, propiedad de Pepa “la Milla”. Cuando estaba arando con el tractor vio a lo lejos una pareja de la Guardia Civil que se dirigía al cortijo. Intuyendo que vendrían a por él, los esquivó y cogió el camino para Fuentes, porque en aquellos instantes lo que más le preocupaba era la propaganda clandestina que tenía escondida en su casa. Cogió todo aquello que le podía comprometer y lo ocultó en los olivos de Escalera. Después fue al cuartel y se presentó al comandante de puesto, donde quedó detenido.
A Salvador Galán estaba cogiendo aceituna con la cuadrilla de Antonio “el de los Hierros” y cuando llegó a su casa lo estaban esperando dos guardias civiles. Se lo llevaron al cuartel, lo interrogaron y le dijeron que era el responsable del partido en Fuentes y que ellos sabían quiénes eran todos los que ocupaban cargos de responsabilidad en la organización. En uno de los calabozos del cuartel estuvo toda la noche. Lo dejaron ir, pero a los dos días una pareja de la Guardia Civil fue a registrar su casa. Él dormía en el “soberao” con su hermano Antonio y de allí se llevaron unas 7.000 pesetas que tenía debajo del colchón, unas fotos y otros objetos que había en uno de los cajones de la mesita de noche. Del dinero y las fotos nunca más se supo.

A Sebastián Catalino lo detuvieron por la mañana temprano, en el bar. Fueron dos guardias civiles y se lo llevaron al cuartel, donde una brigadilla que llegó de Sevilla lo estuvo interrogando toda la mañana. A Fernando, como estaba trabajando, cuando por la tarde llegó a su casa, su madre le dijo que la Guardia Civil lo esperaba en el cuartel. Allí sufrió el mismo interrogatorio que los demás. Sobre las siete de la mañana sacaron a los cuatro y se los llevaron al cuartel de la Calzada de Sevilla. Allí los tuvieron todo el día interrogándoles y por la tarde se los llevaron a la cárcel provincial.
La organización del PCE hizo una recolecta en solidaridad con los familiares de los cuatro camaradas detenidos. Incluso se trasladó dicha acción a La Campana, donde se podía hacer en mejores condiciones y recaudar más dinero. Diego fue el encargado de llevar la recaudación a Bartolo Becerril, que estaba cogiendo aceitunas en la vereda de “El Caballo” –término de La Campana– para que la hiciera llegar a su destino. La recolecta llegó a oídos de la Guardia Civil y detuvo a Bartolo. En el cuartel de La Campana lo torturaron hasta arrancarle el nombre de Diego, que también fue detenido. De allí los trasladaron a Carmona hasta que por la mañana los llevaron a la cárcel provincial, con los otros cuatro camaradas. A Diego lo soltaron y lo mandaron para Fuentes.
Cuando se celebró el juicio, el fiscal citó que “a las nueve y media de la noche del 4 de noviembre de 1967, en la carretera nacional 230, término de Dos Hermanas, en la provincia de Sevilla, fueron sorprendidos por la Guardia Civil de Tráfico, José Pérez Norte, Antonio García Cano y Francisco Ruiz García, viajeros en un Seat 600, matrícula de Madrid, propiedad del primero citado. Los agentes de la autoridad se fijaron en el citado coche por estar aparcado sin señalización y comprobaron que Francisco, Antonio y José llevaban en el coche varios papeles que contenían cinco ejemplares del Mundo Obrero, 800 ejemplares de Democracia y 800 de Divulgación, todos ellos comunistas, así como diversos manifiestos que convocaban a actos subversivos, firmados por el Partido Comunista español. Todas las publicaciones eran llevadas por José, Antonio y Francisco para su difusión, ya que los tres son destacados miembros activistas del Partido Comunista, en Sevilla, desde 1965”.

Añadía el fiscal que “igualmente, Sebastián Martín Caro, Bernardino Caro López, Salvador Galán Sarria, Fernando González Tortolero, Manuel Fito Ferrero, Antonio León Flores y Emilio Rodríguez Martín, en íntima colaboración con los mencionados constituyeron el comité local del Partido Comunista en Fuentes de Andalucía, de la provincia de Sevilla. Para cada procesado por el delito de asociación ilícita pido tres años de prisión, excepto para Emilio Rodríguez, que debe ser penado a 4 años, 2 meses y 1 día por tener antecedentes penales, también por delitos políticos. Y para José Pérez Norte, Antonio García Cano y Francisco Ruiz García solicito que sean condenados cada uno a 2 años de prisión y 15.000 pesetas de multa, por delitos de propaganda ilegal”.
La sentencia publicada por La Vanguardia decía así: “Catorce condenados por el TOP. El Tribunal de Orden Público ha dictado una sentencia en la que se condena a 14 procesados y absuelve a 3. En el fallo, por delitos de asociación ilícita y propaganda ilegal, son condenados José Pérez Norte y Antonio García Cano, a 5 años de prisión y 10.000 pesetas de multa y Francisco Ruiz García, a 4 años de prisión y 10.000 pesetas de multa. Sólo por asociación ilícita son condenados Manuel Fito Ferrero, Antonio León Flores, a 2 años y medio cada uno, y Sebastián Martín Caro, Bernardino Caro López, Salvador Galán Sarria y Fernando González Tortolero a 2 años de prisión, también cada uno. Son absueltos por no haberse acreditado que intervinieran en los hechos expuestos Bartolomé Becerril Lora y Diego Gutiérrez Ruiz.
Una vez conquistada la democracia, los condenados formaron parte del primer ayuntamiento elegido en las urnas. El PCE obtuvo 6 concejales, entre los que figuraban 4 de los hoy homenajeados ahora: alcalde Sebastián Martín y concejales, Salvador Galán, Juan Villar, José Ramos y Manuel Enri. Por todos estos actos y los que se siguieron produciendo en el pueblo hasta la Transición creemos que estas personas son merecedoras de que la sociedad fontaniega los reconozca como luchadores por la libertad.