Una mujer de Salónica teje serenamente mientras observa cómo un grupo de sacerdotisas fenicias en Gades procesiona a Astarté, una vez ofrecido el pan, el vino y el cordero. La compañera de la mujer que teje, venida también de Salónica para ofrecernos la música nacida de la lira, llama a la tejedora, pero ella está absorta en su labor y en contemplar la procesión, nueva para ella, de las sacerdotisas fenicias.
Cae la noche y Troya duerme después de celebrar con vino y fiestas la retirada de los aqueos y arrastrar dentro de la ciudad el caballo que unos andaluces de un pueblo de la Sierra Sur de Sevilla han construido para rememorar a Homero, a la cultura de los héroes aristocráticos y míticos que luchan por dominar las rutas del comercio. Los y las presentes, espectadores del siglo XXI, en esos momentos contienen el aliento. Troya va a ser destruida, Astianacte, el hijo de Héctor y Andrómaca, será arrojado desde lo alto de las muralla por Odiseo. La misma Andrómaca y su suegra Hécuba, serán llevadas en las naves aqueas como esclavas.

La crueldad de la guerra es terrible. Los héroes de Troya, unos y otros, son salvajes, crueles y violentos. Las mujeres son relegadas al papel de garantes de la continuidad de la sangre de la aristocracia, del protókokos, guardiana del Oikos en la ausencia del marido, pero sin derecho a opinar: “Así que vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca y ordena a las criadas que se apliquen al trabajo. El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa”. Estas son las palabras que Telémaco dice a su madre, Penélope.
Las personas congregadas en el peristilo han contemplado la muerte de Patroclo y la crueldad de Aquiles, degollando a doce prisioneros troyanos, la muerte de Héctor… A lo largo del fin de de semana atenienses y espartanos acuden al oráculo de Delfos, desfilan hoplitas llegados de EEUU, piratas de los siglos XVI a.C. asaltan una ciudad portuaria del Mediterráneo, un Odiseo vence la magia de Circe. Al final todos mezclados: andaluces de Gilena, italianos, alemanes, vascos, mallorquines y alguna procedencia que se quedan en el teclado del ordenador, luchan mostrando las técnicas de lucha, de guerras, siempre crueles, violentas, siempre con la autenticidad basada en la arqueología y los textos históricos. Una vez más hemos viajado al pasado con Gilena.


