Últimamente estoy asistiendo a un boom de proyectos de plantas de biogás. Plantas que se están vendiendo como la solución y reactivación económica de la España Vaciada y que evitarán la despoblación. Hablan de que todo van a ser ventajas, con la creación de empleo para la zona, pero nada es cierto, pues una vez se instalan, lo único que notan los vecinos es su olor nauseabundo.

Lo que reactivan es la MIERDA y en los pueblos donde se establecen sólo traen desolación, despoblación, destrozo de infraestructuras rurales como caminos y carreteras, pagadas con dinero público y ruina para la gente que habita en esas poblaciones. Despoblación, porque estas plantas altamente mecanizadas no necesitan más que a una persona cualificada (que ni siquiera es del lugar), persona que incluso lleva varias plantas de biogás. Tampoco generan riqueza en el pueblo que se instalan porque el único beneficio es el pago del Impuesto de Obras y Construcción el Icio, que es el dinero por el que se vende un pueblo. A cambio, destrozan las comunicaciones terrestres por la cantidad de camiones de alto tonelaje que transitan.

En principio, la teoría está muy bien, el papel lo aguanta todo, pero la realidad es muy distinta. Los testimonios de los vecinos es que la vida es sencillamente insoportable, afectando a las actividades al aire libre, a la salud, al bienestar y el valor de la vivienda. La idea de las plantas de biogás es la de darle utilidad a restos orgánicos, basuras y desechos, generando a partir de ellos un gas que pueda utilizarse para calefacción, transporte e industria. Pero en la realidad una planta de biogás, a día de hoy, se convierte con demasiada frecuencia en una fuente de nuevos riesgos y problemas, especialmente cuando se hace de gran tamaño para aumentar los beneficios económicos.

Gestor de residuos industriales encubierto

Una planta de biogás se alimenta inicialmente de purines, a los que se suman lodos de depuradoras, restos de mataderos, estiércol, restos y residuos agrícolas y alimentarios de todo tipo. Pero una vez comienzan a funcionar, sabemos que para que estas plantas sean rentables no basta con echar al biodigestor solo los purines de las granjas de alrededor. Lo que hacen después es pedir autorización a la Comunidad Autónoma donde se ubican y solicitan traer residuos industriales.

Y ahí es donde comienza el calvario para los pueblos, ya que una planta de biometanización termina siendo un gestor de residuos industriales encubierto (ya que no se han seguido los tramites que se les exige a estos gestores de residuos industriales). Véase el caso de Balsa de Ves, Bonete y Chinchilla de Montearagón en la provincia de Albacete.

De seguir con estos planes de promocionar y subvencionar las plantas de biogás nos estamos cargando nuestros ya tocados pueblos y contaminando el Planeta. ¿A cambio de qué? ¿Cuál es el beneficio? Enriquecer al promotor, una única persona, a costa de pagar un alto precio medioambiental y social.