No son tiempos de mirar la loseta que pisamos, sino de levantar la cabeza, mirar al mundo y pensar y proponer un horizonte republicano plurinacional fruto de un pacto entre pueblos que supere el pacto entre elites de la transición. El titular que extraía Enric Juliana, analista político de altura y gran conocimiento histórico, en una reciente entrevista que realizó al líder de EH Bildu, decía así: Arnaldo Otegi: “hay que concluir la legislatura con un programa plurinacional.” Lo más relevante de la entrevista es que en las palabras del líder del independentismo vasco se observa la evidencia implícita de que las independentistas son vías muertas e irrecuperables. Al menos mientras dure el régimen de guerra global.

En Cataluña, los partidos que hasta antier estaban aliados en la vía independentista, que tanto sufrimiento, persecución y desencanto ha causado en Cataluña, como alimentado el centralismo y fascismo reaccionario en el resto del estado, demuestran que el agotamiento del procés es palmario. Se comprueba con el reposicionamiento de ERC respecto de Sánchez y el PSC. Y por la desorientación de Junts, mientras mantiene su líder, Carles Puigdemont, en el exilio en tanto crece en su margen derecho el voxismo en lengua catalana.

Que Otegi hable de manera explícita de un nuevo estado plurinacional supone un giro de guión con fundido al negro. Curioso que se dirija al PNV, como viene haciendo desde hace un tiempo, pidiéndole un proyecto conjunto de país, al tiempo que abre sutilmente la puerta para alejarse del partido del empresariado y la burguesía vasca. Es la primera vez que vemos que el independentismo de izquierdas vasco dice, al hablar de plurinacionalidad del estado, que quiere participar en la reforma del estado español. Algo inconcebible en un independentismo que hasta hace un cuarto de hora, medido en tiempos políticos, quería romper con España.

La idea de Otegi no parece lanzada a la ligera. Al hablar de programa plurinacional está introduciendo la variable clave para dar textura y soporte a una alianza estratégica con otras fuerzas políticas territorializadas, llámenlas soberanistas si quieren, así como con quienes reconozcan activamente que la única alternativa democrática a la España monárquica en deriva autoritaria es plantear con claridad un horizonte republicano plurinacional.

Las izquierdas no tienen tiempo que perder a la vista del deterioro acelerado del PSOE y del propio gobierno de Pedro Sánchez. Un deterioro consecuencia de su inacción en el desmontaje del estado antidemocrático profundo, de su alineamiento efectivo con el régimen de guerra y la OTAN, sin romper relaciones con el estado genocida israelí, de su reactividad al ejercicio de políticas de izquierdas, principalmente en materia de vivienda y de, con lawfare o sin lawfare, el cerco judicial al propio partido, sus secretarios de organización y su principal referente cívico, José Luis Rodríguez Zapatero. Todo esto en un momento en que hay voces dentro del mismo, como la de Óscar Puente, que confiesan haber sido los más fieles servidores de la monarquía.

No hay tiempo que perder porque acecha un horizonte reaccionario que, de tomar el poder, iniciará un proceso acelerado y sin complejos de desmontaje del estado social y autonómico. Por ello, no son tiempos de mirar la loseta que pisamos, sino de levantar la cabeza, mirar al mundo y pensar y proponer un horizonte republicano plurinacional, fruto de un pacto entre pueblos que supere el pacto entre elites de la transición.