Los guías de Doñana se han esforzado durante las últimas semanas en recoger residuos que los miles de romeros rocieros dejan abandonados por los caminos. Hace diez años que realizan esta abnegada labor. Sus fotografías detrás de las bolsas llenas de inmundicias, al terminar la jornada, son muestra de un triunfo del respeto a la naturaleza, frente a la vergüenza de los restos de papel higiénico, envases o latas dispersos en la vegetación y las arenas. El 26 de junio tuvo lugar la saca de yeguas, desde las marismas hasta El Rocío y Almonte, faena tradicional ganadera que concita a numerosos espectadores. Es el ciclo que se repite, con variaciones. Atrás quedó el incendio forestal de Marismillas, en el interior del parque nacional, que afectó a 500 hectáreas de pinares mediterráneos y sistemas dunares; ahora espera la recuperación, y que no se produzcan más.
Frente a la crítica situación en la que se encontraban aún en 2024 los espacios protegidos de Doñana, en particular el parque nacional, a día de hoy viven un momento no tan amargo, tendiendo a una cierta normalidad. En enero de ese año, según el seguimiento de la Estación Biológica de Doñana, el número de aves acuáticas censadas alcanzaba la cifra más baja registrada ese mes, mientras que el nivel anual daba su segunda peor cifra histórica. El año fue muy seco y la temperatura media muy elevada, segundo año con mayor temperatura media anual. La ejecución del Acuerdo por Doñana, suscrito entre el Gobierno y la Junta de Andalucía en 2023, si bien suavizó tensiones locales, no daba todavía resultados tangibles.
Esta iniciativa vino a zanjar la amenaza de legalizar los numerosos regadíos ilegales que habían ido extendiéndose sin control en la comarca a causa del tirón económico de los cultivos de fresas, haciendo disminuir los niveles de las aguas del acuífero que da vida al parque nacional, originando graves riesgos. El asunto lo habían puesto encima de la mesa algunos grupos políticos representados en el parlamento andaluz y se había ido dejando correr hacia una aprobación definitiva, dañina para Doñana, mientras crecían las protestas de científicos, colectivos ciudadanos y diversas instituciones, como la Unión Europea.

Decimos espacios protegidos de Doñana porque concurren allí varias figuras de protección oficial, con distintos límites territoriales: la más conocida, la correspondiente al parque nacional, corazón de los elevados valores ecológicos que sustentan el mito de Doñana, título de un libro. Está reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Rodea a este parque otro, denominado parque natural, figura de protección menos exigente, así como algunas zonas especiales de conservación, establecidas por normativa europea, todas ellas insertas en una Reserva de la Biosfera más amplia, donde debieran combinarse la conservación y el desarrollo sostenible de las poblaciones locales. Ante esta complejidad, ocurre que las noticias sobre Doñana no siempre afinan a situar los hechos en su preciso lugar. La confusión más frecuente es nombrar a Doñana como si solo fuese el parque nacional. Por ejemplo, recordando el Guadiamar: “la riada tóxica no entró en Doñana”, cuando en realidad sería “la riada no entró en el parque nacional”, pero sí afectó a otras zonas protegidas.
En este año 2026 la temporada de lluvias ha tenido efectos favorables sobre el espacio protegido. Un 90% de las marismas han estado inundadas, la situación del acuífero ha dejado de empeorar y se comienza observar una lenta recuperación, en palabras del director de la Estación Biológica. Las aves acuáticas han alcanzado cerca de 400.000 ejemplares, de 88 especies diferentes, cifra superior a la de los años anteriores. Por otro lado, el acuerdo entre administraciones comienza a ofrecer resultados: este mes de junio se informaba que se han reducido a unas 245 las hectáreas de regadíos ilegales, un 7% del total, habiéndose cerrado cerca de 1.200 pozos ilegales. Y se siguen precintando y vaciando las balsas que alimentaban. El clima social ha mejorado, las inversiones comienzan a notarse en los municipios. Después de un ciclo de crisis, que se remontaba a una década atrás, la comarca de Doñana parece entrar en recuperación, el agua fluye, las especies prosperan, los ánimos se calman…

Si rebobinamos a los inicios, allá por los años 50 del pasado siglo, surge, inevitable, la figura del científico José Antonio Valverde, impulsor y primer director del parque nacional y de la Estación Biológica. Ya jubilado asesoraba el montaje de la exposición del museo del mundo marino de Matalascañas. - ¿Por dónde ha venido esa serpiente?, preguntaba al encargado, al observar un expositor donde se mostraba una serpiente sobre la arena, sin haber dejado el rastro de su reptar. – Esas aves no ponen los huevos así, comentaba ante otro, conocedor de la posición exacta que debían presentar los de esa especie. Las historias de la Doñana protegida comienzan por él, por su tenacidad y dedicación, precedida por la expedición de ornitólogos y fotógrafos, así como por la compra de un extenso terreno con la ayuda de entidades internacionales que facilitó, primero, la creación del centro de investigación y luego, en 1969, del parque nacional de Doñana.
Pero desde esos comienzos hasta la última década han pasado muchas cosas, no siempre bien contadas. En las fechas señaladas, en las conmemoraciones, como el 50 aniversario, se vuelve una y otra vez a aquel momento primigenio, con cierta melancolía, el spleen de Doñana. Desde entonces, más de una vez ha sido publicado en los suplementos el artículo de Doñana, no un artículo, sino el artículo: descripción bucólica de las bellezas de pinares, marismas y arenas; fotografías a contraluz de miles de flamencos; referencias a José Antonio Valverde y entrevista con uno de los guardias veteranos. Pero en estos 57 años transcurridos han pasado muchas cosas.

El capítulo que el libro del profesor Lino Camprubí, Los ingenieros de Franco, dedica a Doñana muestra las tensiones que se vivieron desde el minuto uno entre científicos de la Estación Biológica, ingenieros forestales de ICONA y naturalistas extranjeros que tanto habían contribuido a la declaración del parque nacional, a la búsqueda del modelo por el que debía regirse el área protegida, la atracción de visitantes y el papel de las poblaciones del entorno. Cuenta el escritor Caballero Bonald en sus memorias que, entrevistando para un programa de televisión a una habitante de las chozas cercanas al Guadalquivir, dentro del parque, le preguntó: - ¿qué es lo más raro que ha visto por aquí?, a lo que ella respondió: - lo más raro que he visto ha sido el ICONA. Miguel Delibes testimonia que esa página del libro estuvo clavada en un tablón de anuncios de la Estación mucho tiempo.
Hay una primera etapa en la historia de la Doñana protegida que comprende desde la compra de terrenos y la creación del centro de investigación, 1963, la declaración del parque nacional, 1969, y la aprobación de la primera ley de Doñana en 1978. Seguiremos en otra ocasión.

