Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, IX duque había enviado varias cartas a su familiar el conde-duque de Olivares, favorito de Felipe IV, para pedirle mayor atención a Andalucía y advertirle del hambre que se estaba pasando. Cansado de ni siquiera recibir respuesta, tomó la decisión de crear la República de Andalucía. Apoyado por su primo el marqués de Ayamonte, contravino la orden del rey y continuaron el entrenamiento del ejército destinado a invadir Portugal por orden del rey, para devolverla a la corona Austria. Pero la intención era que ese ejército estuviera preparado y con la ayuda de Portugal, resistiera el ataque que sin duda recibirían del ejército real. Con el fin de reforzar el levantamiento, Gaspar de Guzmán emprendió viaje para intentar un levantamiento simultáneo de Cataluña y los señoríos vascos.
De regreso con la decepción de las dos negativas, pese al conflicto declarado en Cataluña, descubrió que había sido denunciado y fue detenido al pasar por Madrid. Para algo “la capi” es principio y fin de todos los caminos. El marqués fue decapitado y el duque, aunque “perdonado” por sus servicios anteriores, desposeído de todos sus cargos y gran parte de su extenso territorio.
Hoy ambas comunidades son las más fuertes defensoras de su independencia, aunque la reclamación todavía no sea mayoritaria. Se ve que en casi cuatrocientos años hay tiempo para cambiar de opinión. Y el cambio debe haber sido muy meditado y madurado. Un sentimiento subyace, no obstante, en el imaginario colectivo de ambos: el de superioridad, que les impide aceptar acción alguna común con otros pueblos peninsulares. Eso no ha cambiado. Y posiblemente no haya cambiado por la distinta posición ocupada durante el periodo toscamente conocido como “reconquista” y su desenlace, donde ellos fueron conquistadores y Andalucía conquistada. Ambos fueron actores activos el lunes de Las Navas y en la posterior invasión del territorio andaluz y su repartimiento a la nobleza participante en la conquista. Salvo tres casas, los grandes terratenientes de Andalucía podrán ser señoritos, pero no son andaluces.

Lamentable, pero la conquista no ha terminado. Durante siete largos siglos todas las protestas, los intentos de liberación, la reclamación de mejores condiciones de vida, han sido reprimidos con tanta voracidad que el propio Jeromín, tras la “pacificación” de la Alpujarra, confesó “he sentido vómitos de cumplir la orden recibida”. O en otra “pacificación”, la de Andalucía, el general Pavía certificó la existencia de una frontera entre España y Andalucía, cuando obligó a los vencidos a besar la frontera.
Dos muestras para pensar. Ha habido muchas más. Decenas de libros lo documentan. A la “revolución industrial” en España sólo respondió Andalucía. Y gobiernos españoles abortaron la industrialización y ahogaron su economía, para trasladar esa industria a Cataluña y Euskadi. Todavía en los años 20 del siglo XX, Andalucía era la comunidad que más aportaba al fisco, con diferencia. Si se obligó a cerrar las minas y las siderúrgicas, si se trasladó o se clausuró la industria, si se decidió encerrar Andalucía en la agricultura, debe ser por algo. Los bancos fueron eliminados dos veces y al final también las cajas de ahorros, para trasvasar el dinero de Andalucía e invertirlo en otras latitudes, así se ha venido haciendo, reconocido por los más prestigiosos economistas y empresarios, como el propio Claudio Boada Villalonga, ex presidente del Banco Hispano Americano. Tampoco es el único.
Para qué quiere entonces España a Andalucía si cuando una empresa crece, como por ejemplo PULEVA o ABENGOA -y las nacidas de su desguace- se le aprieta el cuello hasta asfixiarla, si incluso se crean dos leyes para aplicarlas según interese, por ejemplo, para impedir su autonomía, está claro que Andalucía como mejor está es de granero, como en el imperio romano, pero con diferencia: la Bética comerciaba libremente. Las colonias se mantienen para extraer sus riquezas, del tipo que sean; por eso no se les deja crecer.
Por eso es tan incomprensible para los poderes político y económico, la autonomía real de Andalucía. Por eso se la combate. Por eso recibiremos otra andanada de infamias para desprestigiar nuestra autonomía. Preparémonos, más vale. Porque con el mismo descaro con que se mintió para desprestigiar al PSA-PA, se atacará todo intento de despertar andaluz. No dejarán que Andalucía despierte, harán todo lo posible, pondrán a trabajar todos los medios a su alcance, muchos medios, para deshacer el andalucismo: no hay dos sin tres.

