Honestidad, eso es lo que esperamos de una persona que se dedique a la política. La mentira es un mal endémico entre la clase política, no toda, pero sí entre los que hacen que cada día nos desvinculemos de lo público, más aún cuando confunde el bien común con buscar poder, con el partidismo, la que antepone la conservación del sillón  de mando sin importarle mucho cómo hacerlo.

Estos días de lucha por el voto, la ciudadanía debemos recordar quiénes son aquellos que nos lo piden, qué han hecho, qué intenciones guardan en el caso de ganar las elecciones. No podemos olvidar cómo nos tratan algunos políticos creyéndonos faltos de inteligencia y de memoria. Defendamos nuestro derecho a una sanidad pública, a una educación pública, a una universidad pública que dé opción a todas y todos a desarrollar su potencial sin que la economía lo impida, unos transportes de calidad y suficientes, una vivienda digna y asequible para todos, que deje de ser un activo financiero para convertirse en un bien de uso.

Busquemos a los políticos que no hagan de la política partidista un trampolín para su beneficio, que no mientan cada vez que les interesa, que trabajen por y con el pueblo, escuchándolo y no tratándolo de ignorante o con intereses espurios. Seamos inteligentes y memoriosos.

No podemos dejar que nos arrebaten nuestros derechos conquistados por quienes nos precedieron con tanto esfuerzo. En estos días, escuchemos y reflexionemos, seamos cautelosos con nuestro interés de ciudadanas y ciudadanos responsables, no como aquellos que creen los bulos que ciertos partidos intentan transmitirnos, bulos que van contra de la humanidad más esencial. No es en la redes sociales infestadas de desinformación, incluso de odios, donde nos van a informar, sino en sitios donde el periodismo, incluso los y las políticas serios y honestos, nos pueden explicar cosas que a veces son sencillas de entender pero que la vorágine del día a día las distorsionan. Salgamos de los espacios donde trabajan los que quieren controlarnos.

No todo vale en política, no se puede decir hoy una cosa y mañana la contraria, presentándose como adalides de aquello mismo que un día no tan lejano era un intento de desinformación e intereses ocultos, sin apenas dar razones para el cambio de postura.