Hoy ha habido manifestaciones en varias capitales andaluzas contra las políticas privatizadoras de Moreno Bonilla. En la de Sevilla, esta mañana con la asistencia de unos tres mil personas, se ha dado la imagen que abre este artículo: Moreno Bonilla mira desde un enorme cartel electoral, con rostro divertido, a los manifestantes que corean gritos como "dónde están, no se ven, los cribados del PP" o "y tú, que no te enteras, estás en lista de espera". Una metáfora de la realidad. Moreno Bonilla se ríe de quienes protestan -y de quienes no protestan- porque cree que tiene las elecciones ganadas. Así está el patio en el ecuador de la campaña electoral.

Moreno Bonilla se ríe porque sabe que la principal debilidad que tiene, la sanidad, provoca protestas, pero no mueve millones de votos. Mejor dicho, porque no provoca un cambio en millones de votantes. Moreno Bonilla tiene en el desastre de la sanidad su tendón de Aquiles, pero la oposición carece de capacidad para acertar con la flecha en el lugar adecuado. Cuando niño, Aquiles fue bañado por su madre, Tetis, en el río Estigia, cuyas aguas lo inmunizaron contra las armas del enemigo, pero los tobillos quedaron fuera y, por lo tanto, fueron vulnerables. Esa fue su perdición. El problema aquí es que la oposición no tiene a un Paris, un arquero capaz de acertarle a Moreno Bonilla en los tobillos.

Todos saben cuál es el punto débil de Moreno Bonilla. La sanidad pública. El arco y el carcaj lo ha tomado María Jesús Montero, pero le tiembla el pulso porque fue su partido en tiempos de Susana Díaz el que abrió la espita de los conciertos con la privada. Carece de legitimidad y de puntería. Los partidos que podrían tener  legitimidad y puntería están a su izquierda, pero ¿tienen fuerza para tensar el arco? Hace falta mucho músculo para semejante giro político. No la tienen. La división debilita a una izquierda que sueña con la unidad, pero que practica la fragmentación cainita. Izquierda Unida, Podemos, Sumar: Por Andalucía. ¿Unidos para siempre? ¿Hasta las elecciones? ¿Hasta dos días después de las elecciones? Emerge con cierta fuerza Adelante Andalucía, pero a costa de quién. ¿No será de ahondar en la división?

La sanidad pública iba a ser la tumba política del PP en Andalucía hasta que el 18 de enero tuvo lugar el triste accidente del AVE en Adamuz. Moreno Bonilla, maestro del teatrillo lacrimógeno, tocó el corazón tierno de los andaluces y mandó al desván todo el dolor provocado por el desastre de los cribados del cáncer de mama. En la manifestación de esta mañana en Sevilla se ha echado de menos a muchas de las afectadas. También faltaban las mareas blancas, con las que no han contado los convocantes de la protesta: Ustea, Facua, Coordinadora Andaluza de Movimiento Social, REDUS... Ni los sindicatos mayoritarios, ni los principales partidos. División, de nuevo la división. De eso se ríe Moreno Bonilla. También de que un partido de fútbol congregue a 40.000 personas y 3.000 una protesta contra la privatización de la educación y la sanidad.

Información no falta. Sabemos que determinadas políticas sanitarias pueden matar, que hoy le toca al vecino, pero mañana me puede tocar a mi. Sabemos por un estudio científico que Andalucía sufre una mortalidad por cáncer de mama y de colon-recto muy por encima de lo que cabía esperar según las previsiones. En cifras, nada menos que 3.701 muertes por encima de las esperables en una situación normal. De ellas, 820 de colon-recto y 275 de mama. Y que eso sólo tiene una explicación posible: la falta de políticas de detección precoz mediante cribados hechos en su momento y comunicados adecuadamente. Otro dato: la cobertura del cribado de cáncer de colon-recto de la población-diana en Andalucía es la segunda más baja de España (35% en Andalucía frente a más del 70% en Navarra o Euskadi (datos de la Sociedad Española de Patología Digestiva, 2024). Estos datos indican que, desde 2019, en nuestra tierra, ha habido un evidente retraso en la detección y tratamiento de los cánceres con cribado.

Pero  Moreno Bonilla ríe y ríe porque nada amenaza su sillón en San Telmo. Tiene en sus manos el mayor aparato de propaganda política que haya existido nunca en Andalucía, un enorme equipo de comunicación que difunde cientos de mensajes diarios para convencernos de que Andalucía es un paraíso, que él garantiza la tranquilidad, el bienestar y la estabilidad institucional. Que el dilema está entre él o el caos. Que la única amenaza posible es que tenga que pactar con Vox, no lo quiera Dios, y que es mejor apostar por malo conocido que bueno por conocer. A ver cómo viene la recta final de la campaña que terminará el viernes que viene. Mientras, Moreno Bonilla ríe desde los carteles.