Si algo demostró el debate parlamentario del martes veinticuatro de junio de 2026, es que la izquierda que no se aleje de la pasividad negacionista del PSOE está condenada a compartir el deterioro de su peso político en el sistema bipartidista del 78. Cuanto más lejos del cerco al que está siendo sometido el partido pilar de la monarquía parlamentaria mejor. El principal baluarte del sistema que mantiene incrustado en la estructura del estado, en los medios de comunicación, en la judicatura, en el alto funcionariado, en las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado y en el ejército el legado monárquico franquista está siendo dinamitado a las bravas y a cielo abierto por los poderes fácticos que consideran que en estos tiempos no tiene ninguna función de utilidad a sus intereses. “El que pueda hacer que haga” es eso.
La militancia socialista está catatónica, sus liderazgos ojipláticos. No han comprendido todavía la profundidad de la crisis del capitalismo global dirigido por el trumpismo estadounidense. No han comprendido que las socialdemocracias liberales, primero en Europa, pero también en sus formas de Asía, Japón o Latinoamérica, ya no tiene función de utilidad para mantener la farsa de la apariencia de democracia.
La crisis de 2008 reveló que la ficción especulativa bursátil hace crack si el valor no está sustentado sobre la economía real. Por eso el capitalismo occidental dominado por el anglosionismo estadounidense busca sostener su imprescindible dinámica del crecimiento mediante el control total de recursos naturales y flujos de energía y materias primas. Por eso está obligado a contener a China y a los brics. Pero no le basta. Los capitalistas, esa minoría del 1% que posee más del 50% de la riqueza mundial, lo necesitan todo todo el tiempo. Para ello, usando el control político de los estados, aplican dinámicas extractivas mediante la privatización de todos los servicios públicos, también los de coerción o defensa. Para ello dominan la propiedad en sectores básicos para la subsistencia y la vida como la alimentación o la vivienda.
Para ello necesitan mantener a raya a mujeres y migrantes, principales grupos sobre los que recae la explotación de su tiempo de vida. Para ello necesitan el negacionismo de los daños en los equilibrios biofísicos planetarios construidos con tiempo de escala geológica. Para ello necesitan mantener estructuras y superestructuras de dominación colonial que aniquilen o desprecien identidades culturales fruto de procesos históricos de larguísimo alcance temporal.
En este momento global, desde el flanco izquierdo y plurinacional, del debate parlamentario del pasado martes 24 de junio de 2026 debemos prestar especial atención a tres intervenciones: la de Ione Belarra, la de Gabriel Rufián y la de Mertxe Aizpurua. La primera, Ione Belarra, marcó la distancia precisa con el PSOE al indicar que el ciclo político de Pedro Sánchez está agotado, que no da más de sí y que no podemos convivir sin mancharnos con un partido que no está dispuesto de verdad a hacer frente, en favor de las mayorías sociales, a los mismos agentes que lo están expulsando del consenso de régimen del 78 del que participa y es cómplice.
El segundo, Gabriel Rufián, rematando con la expresión interrogativa “y qué”, vino a decir que sí, que la corrupción mal muy mal, que la oposición PP y Vox, lo peor de lo peor en materia de corrupción y en materia de lo que venga cuando venga, pero que sin combate político efectivo más allá de la retórica del sanchismo y su gobierno compartido con Sumar, no merece la pena mantener un gobierno con respiración asistida. Que el “y tú más” es el campo abierto sobre el que avanza Vox.
Y la tercera, Mertxe Aizpurúa, haciendo un importantísimo ejercicio de memoria de lo que significó la construcción del régimen del 78 en la transición, sostuvo la tesis probada de que lo que le está ocurriendo ahora al PSOE ya ocurrió antes en Euskadi y, aportación mía ahora, también le ocurrió al independentismo catalán y a Podemos, sin ni siquiera motivos indiciarios, desde 2014, con la complicidad manifiesta de PSOE que ahora sufre con motivos reales.
De esas tres intervenciones y del conocimiento de la naturaleza del PSOE, podemos inferir que Pedro Sánchez no va a tener más reacción que la retórica sin acción de fondo. La intención anunciada de presentar los primeros presupuestos generales del estado de una legislatura que dura tres años, a sabiendas de que no serán aprobados, para vender humo discursivo de izquierdas y luego convocar elecciones, como ha explicado Ione Belarra, es solo una operación de marketing de supervivencia.
Por tanto, del PSOE cuanto más lejos mejor para trabajar en la articulación de un nuevo consenso que dibuje un horizonte común republicano plurinacional, un horizonte que puedan compartir cooperativamente los pueblos culturales y políticos del estado español. Un acuerdo entre pueblos frente al acuerdo de las elites que construyó el régimen del 78, hoy dominadas por el régimen de guerra que impone en toda Europa el capitalismo anglosionista occidental.

