El alimento nos ha condicionado desde nuestros inicios. Su obtención, el ansia de no saber si estará al volver, a día de hoy se solventa con dinero. El trabajo dignifica, otorga salud mental, equilibrio, son términos que de alguna manera justifican el destinar el único recurso que no se recupera, el tiempo. Tendría que haber una asignatura de las obligatorias llamada "Caminar por la vida”, en todas sus acepciones.
La metrópoli es un espacio donde la naturaleza estorba, donde todo se consigue con capital en un contexto de inmediatez y, sin embargo, supone unas enfermedades inexistentes con anterioridad: caries, estrés, sedentarismo, hipertensión, depresión y ansiedad, ejemplos de nuestra vida actual. Sin transporte público es inviable, si bien horas in itinere de ida y vuelta, millones de personas movilizan la economía a costa de su familia y su propia salud. Un accidente provoca duelo, aunque ambulancia, talleres, seguros, mutuas se beneficien del suceso. Lástima negociar con el daño y justificar su existencia.
Poder vivir cerca del trabajo, a donde ir caminando, otorga salud y bienestar. El optar a una vivienda pública tendría que estar entre sus condiciones de otorgamiento, donde cercanía, razón de ser. Fomento de la vida local, de barrio, ejercicio y entrenamiento, con zonas comunes, espacios verdes, bibliotecas, piscinas, colegios, alegría para la sociedad cotidiana. Recoger hijos de la escuela, poder intercambiar vivencias durante el caminar, complemento de la actividad laboral. Caminar otorga salud, sobretodo mental.

