“Siempre se van los mejores” es el dicho. Por fortuna no siempre es cierto, quedan muchos. Uno de los mejores nos dejó justo un mes después de mantener esta entrevista. Maestro de EGB, siempre tuvo presente la importancia de la didáctica. Como alcalde de Córdoba pudo haber revolucionado en gran medida la forma de gobernar; pero no fue posible, no le dio tiempo, no sólo por su pérdida inesperada: bastante antes había tomado la solución más digna: dejar el cargo; más vale ofrecer paradigma y estímulo desde la filosofía andaluza modelada por Séneca y Averroes.

Pese a las zancadillas de los suyos, renovó la forma de entender la política. “Un oscuro maestro de EGB, desconocido…” decía de él mismo. Desconocido hasta que los cordobeses lo hicieron alcalde. Lo de oscuro es modestia comprensible. Julio Anguita, revolucionario pausado, crítico, analítico, dio lecciones mientras vivió. Se puede estar de acuerdo con él en todo, en algo o en nada. Pero es imposible negar su claridad de ideas. Aquí están resumidas algunas de sus ideas expresadas en casi hora y media de conversación que tuvo lugar un mes antes de su fallecimiento en mayo de 2020.

Pregunta.- ¿Izquierda Unida fue un movimiento por Andalucía?

Respuesta.- Eso fue Convocatoria por Andalucía, que nació en 1984, como alternativa, con un ideal que se hizo programa. A los dos años, en 1986, en Madrid, con Gerardo Iglesias al frente del Partido Comunista, se creó Izquierda Unida. En Andalucía aceptamos entonces ir con Izquierda Unida y, a partir de ahí, fuimos “Izquierda Unida–Convocatoria por Andalucía”. Después de eso pasé a ser miembro de la dirección de IU y se me encargó la coordinación, tras la dimisión de Gerardo.

P.- ¿IU-CA sería en este momento la solución que necesita Andalucia?

R.- Depende. Si hablamos de siglas, para mí las siglas son irrelevantes. Lo que se puso en marcha en marzo de 1984 fue algo que no entraría en la cabeza de los políticos actuales. Tú sabes que en política lo que impera es el regate corto, la inmediatez. No hay horizonte más allá de las siguientes elecciones. Por consiguiente, no hay ninguna estrategia en cuanto programa, en cuanto hoja de ruta y lo que hizo Convocatoria fue lo siguiente: en vez de estar protestando, vamos a hablar con la gente y construir un programa de gobierno. Y salió. De pronto pasamos de ocho diputados a diecinueve. Después llegamos a veinte. Cuando lees el diario de sesiones ves que las iniciativas de IU eran todas programáticas. Porque había una cosa que hoy sería inconcebible: áreas de elaboración colectivas, encuentros de personas de distintas disciplinas. En el área de salud no solamente había médicos, sino personas que tenían intereses y creaban alternativas concretas con un eje de visión estratégica. Eso exigía algo que parecía fundamental: tiempo.

P.- El tiempo no es muy amigo de la política.

R.- Yo siempre digo que la política es un arte agrario: no tengo prisa por ganar las elecciones mañana. Ni tengo prisa porque mañana tengamos un gran grupo parlamentario. Yo tengo que preparar las condiciones para que haya una fuerza social que sea el poder real, efectivo. Pero la calle hoy está hegemonizada por el pensamiento conservador bajo mil y una formas. Por ejemplo: “lo importante es la competitividad”, “lo importante es el triunfo económico”, las cosas ya no valen por su valor de uso, sino por su valor de cambio. Eso es hegemonía y nos salpica a todos. En los medios dominan los pases cortos, el navajeo político. Para ganar, eso es lo que vale. Toda esa quincalla no la entiendo. Si estuviese en activo no entraría en ella. Y si es preciso no ir a una televisión, no voy.

P.- Ir a una televisión te da notoriedad, te da imagen.

R.- Puede sonar raro, pero mi mundo es otro. Mi mundo está en la calle. Pero no en la calle que de vez en cuando a chillar, a insultar… no. Soy de los que, cuando toma la calle serenamente, con una propuesta ya no la abandona. Respetando la legalidad, respetando las normas de convivencia, pero con una fuerza creciente. Esa fue la idea primitiva. Y de hecho, cuando, en aquellos años, la década de los 90 —yo la llamo “la década prodigiosa” porque fui coordinador general, pasó de todo: la caída del muro de Berlín, la Unión Soviética, la nueva OTAN, los “tigres” asiáticos, la guerra de Yugoslavia, el Tratado de Maastricht, pasó de todo—. Había un discurso, anclado en el tiempo. ¿Por qué? Porque no hay prisa por llegar a las instituciones. Pero cuando llegues, ejerce. Y ejerce la oposición o el Gobierno. Y ejercer en la oposición no es oponerse porque sí. A veces hay que apoyar. He sido alcalde y lo he entendido así.

P.- ¿Es eso el auténtico comunismo? ¿Hay uno o muchos comunismos?

R.- Hay muchas tradiciones. Yo empiezo en el Partido Comunista de España en septiembre de 1972, aunque ya colaboraba desde el 68, con el manifiesto programa. El comunismo abre al mundo los escritos de Marx, Engels y otros autores. Se plantea la sociedad alternativa, mesiánica y tópica del manifiesto. En España estuvimos centrados en la lucha anti franquista hasta que muere Franco, cuando nos encontramos con las críticas de la visión “marxiana” -digo marxiana, no marxista, porque me considero comunista-. El marxismo es un movimiento real que va superando contradicciones, que lucha por una sociedad justa, por los derechos humanos, que defiende los anhelos de la gente. Nuestra diferencia con otras ideologías está en la praxis. Hacemos una reflexión del pensamiento de Marx para pasar a la acción.

P.- ¿El comunismo es una ideología adaptada al momento actual?

R.- Es un ejercicio permanente. No somos perfectos, hay problemas de inmediatez y tenemos que aplicar soluciones, según el caso y el momento. El marxismo se plantea el siglo XIX en sociedades desarrolladas tecnológicamente, sociedades que ya tienen un desarrollo. Pero la historia demuestra que la revolución se lleva a la práctica en sociedades no desarrolladas, o en proceso de desarrollo (Rusia, Cuba, China…), en países atrasados y campesinos. Y el Partido Comunista tiene que preparar la alternativa. La revolución rusa, por ejemplo, plantea el problema de la dictadura, un aparato que se hunde y es la guerra la que empuja a un final marxista. En otros casos, China y Cuba, en principio sus revoluciones no eran marxistas; lo que ocurre es que los americanos les empujaron

P.- Ha dicho “marxistas” y “marxianos”. ¿Dónde está la perfección?

R.- La perfección no existe, lo que existen son principios y formas de entender la evolución, para que las ideas persistan. Por eso diferencio “marxista” de “marxiano”. El primero es el concepto en que todo es mejorable y que todo debe tener en cuenta el momento y el contexto. En cuanto a la praxis, no en cuanto a la idea. Otros se anclan en una doctrina, en unas frases más bien, y se hacen inmovilistas.

P.- ¿La socialdemocracia puede ser marxista?

R.- Lenin era socialdemócrata. El partido era socialdemócrata. La socialdemocracia, en aquel momento, era socialismo democrático, todo lo contrario de la devaluación capitalista de muchos partidos, como la SPD alemana, por ejemplo. En el comunismo, o socialdemocracia rusa, hubo dos corrientes: la menchevique y la bolchevique, que fue la que triunfó. Los hechos relativizan los contenidos: en 1953, el Congreso de la Socialdemocracia alemana decidió que se podría convivir con el capitalismo, que podía ser útil. Sin embargo, si se les compara con los de hoy, aquello sería la extrema izquierda. Esas contradicciones existen, son normales. La Constitución española, por ejemplo, en algunos artículos tiene carácter de izquierda.

P.- ¿Pero se cumplen?

R.- Hay un problema: el pensamiento conservador también se da en la izquierda. Es difícil llevar todos los colores; el capital lo tiene más fácil. Desde la caída de los jacobinos, domina la contrarrevolución, domina los medios de producción y controla el beneficio. Sólo busca beneficio y no se le puede pedir que sea razonable, ¿Le pedirías a un tigre que sea piadoso?

P.- ¿Hay salidas?

R.- Todo tiene salida menos la muerte. Esto está visto desde una visión puramente teórica porque, francamente, yo le veo muy pocas salidas. Las salidas en el sentido de que se cumplan los derechos humanos, mínimamente, la sociedad sea medianamente justa -estoy poniendo los límites realmente bajos- exige un sacrificio que la sociedad no está dispuesta a asumir. Hoy la sociedad se ha vuelto egoísta e insolidaria. No estoy hablando de la gente que no tiene nada, me refiero a los que tienen algo. La sociedad carece de proyecto estratégico. Se apañan con vivir cada día, engolfados en una especie de hedonismo muy primario, primitivo, muy pobre. Además, tiene miedo a enfrentarse a un hecho. En mis charlas en la universidad y en los institutos siempre digo: “yo tuve la edad de ustedes. Hoy vivo de mi pensión. ¿Ustedes van a tener una pensión?”. Y cuando les digo esto a la gente, a los jóvenes de mi país —porque esa es España ¿eh? La roja y gualda se la guarda usted donde quiera. Esta es “mi” España. Esta. Lo demás es folklore barato. Me miran estupefactos. ¿Qué hacen? Aprovechan de las primeras vivencias o del televisor, de la última canción, la pelea de la modelo tal… Y tienen miedo. Porque la sociedad española ha llegado a tener miedo a pensar y a hablar de futuro. El miedo a pensar es heredado de la contrarreforma. Pero mientras tenga miedo no tendrá salida. Y busca en aquellas fórmulas que les parecen expeditivas y que están enraizadas en los ancestros y en los atavismos. En cosas como “hace falta un tío con dos cojones”, toda esa apología miserable de la dictadura.

P.- ¿Y en Andalucía qué nos espera?

R.- Lo primero que tenemos que hacer es autocrítica. Y la crítica que voy a hacer, autocrítica, por la parte que me toca por pertenecer a la izquierda, es que me produjeron malestar esas manifestaciones tras la aparición de Vox en el Parlamento denunciando lo que había sido resultado de una votación democrática. Y mucha gente que salió, que no había votado. Esa impostura me molesta. Porque eso engaña a la población. La mejor manera de impedir que un partido llegue, es ir a votar. Y, sobre todo, empezar a preparar la defensa de unos valores ante lo que viene. Si no, me parecen posiciones realmente ridículas. Y lo que viene no es ni más menos que el resultado de lo que hemos ido laborando con tanto cariño y con tanto esmero. Aquí ha habido un régimen. Democrático. Cuando digo régimen quiero decir una manera de ejercer. No nos vamos a equivocar y cometer el mismo error que cometen con Venezuela. Aquí ha habido un partido, enraizado, con las teclas del poder, ha usado y abusado, y ha ido usando de los resortes de la cultura franquista.

P.- De la cultura franquista.

R.- Sí, sí. Cuando digo cultura del franquismo no me refiero al ideario del Movimiento Nacional: sino al “no pienses”, “Quién manda lleva razón”, “peor estaríamos de otra manera”, “búscate un enchufe”. De pronto, por muchas razones, por cabreo de mucha gente, se viene abajo. Y ahí está el PP, un partido, además, lleno de corrupción, Ciudadanos, un partido que gira todos los días, y Vox que es la expresión de ese residuo —que puede crecer ¿eh?— y crecerá si le abonamos el campo-. ¿Y qué va a significar esto? Yo creo que nada. Absolutamente nada. Lo que pasa es que Andalucía va a quedarse en una tierra yerma, hasta culturalmente yerma. Dónde cada uno, a su casa, pasando olímpicamente de la política, y dónde, en el escenario político habrá la representación del insulto, dónde cada uno cumplirá sus roles, sus papeles, porque tienen que cumplirlos. Hoy, nuestra Andalucía necesita una voz que la llame a combatir, con el sacrificio por delante. Y a construir. A leer. A sentir como andaluces. Pero como andaluces que quieren cambiar lo que hasta ahora ha sido Andalucía. Porque los señoritos siguen. No me refiero al del caballo, ahora están en las grandes empresas, están en las instituciones, Andalucía necesita discurso profético. Para mí, el ejemplo de discurso profético es el Manifiesto Comunista. Porque muestra una Historia. Aquí hace falta un sujeto que inicie la lucha, y a continuación desarrolle un llamamiento. Eso es lo que fue Convocatoria, y aquello fue éxito. Es lo que Gramsci llama “fantasías concretas”. Fíjate qué expresión. Un proyecto al pueblo. Pero un proyecto, que sepa que va a costar. Alguien que tenga el valor de llamar al pueblo, para hacer un sacrificio. No para el sacrificio inútil, sino para la construcción de algo. Tendrá éxito. Tendrá.

P.- Hay que hablar de los sindicatos

R.- Sí. Forma parte de la misma historia. Los sindicatos han pasado a no existir. Pero el fenómeno no era español, pasó en Italia también. Aquí todavía puedes explicarte que juntos podemos tuviera un sentido en cuanto a que el PSOE es el partido mayoritario.

P.- ¿Los sindicatos por qué se han perdido?

R.- Los sindicatos han perdido fuerza en todas partes. Aparecen como expresión política de una alternativa en un mundo más plural y son los militantes quienes construyen esa alternativa y luchan. El sindicato es la lucha de clase. pero con orientación política. ¿O no sabemos que UGT es un sindicato socialista? Pero estos han tragado carretas, se han quedado de apéndices del Estado. Se volcaron en construir la Unión Europea y se han olvidado de la segunda flota pesquera del mundo, de la banca pública, de las empresas, de las acerías. En la huelga de 1988 se vio que obedecían tácticas atrasadas. Después de una huelga general se retiran. En cambio, el Gobierno no tiene más que esperar cuarenta y ocho horas y volver a lo mismo. Para ellos, quienes defendíamos la huelga, éramos rojos antieuropeístas. Pues ahí los tienes.

P.- ¿Cuál es el modelo que deberían seguir?

R.- Para mí el modelo de sindicato es el socio-político. Si no tiene un ideario político, no hablo de partido, de visión estratégica de la sociedad, es un sindicato muerto. La famosa CNT era libertaria, tenía referentes ideológicos. No estrictamente partidarios, el anarquismo es una concepción geopolítica del mundo. En el momento que un sindicato renuncia a la política, el sindicato no sirve. Estoy hablando de la experiencia. Ahí están los hechos: los intereses de los trabajadores no son los del trabajador concreto y específico, sino los del trabajador como clase. Y aquí hemos llegado a ser el defensor del trabajador que ha tenido un problema de despido. Eso lo puede hacer una agencia.