El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, debería haber hecho dimitir, o haber cesado, al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, con carácter inmediato tras las imágenes de la profesora jubilada agredida por un policía antidisturbios en Valencia. El vídeo de la agresión a la profesora que se manifestaba por la calidad de la enseñanza en el País Valencià ha recorrido redes sociales, informativos, prensa y tertulias televisivas. Gracias a que la tecnología móvil nos hace reporteros del momento, la aberración antidemocrática cometida por el antidisturbios ha llegado a panaderías, bares y peluquerías, me consta. Pero no debemos quedarnos en la infamia del hecho, hemos de pensar lo que representa.

La profe iba uniformada con la camiseta de la Marea verde, la que lleva el lema Escuela pública de tod@s para tod@s. La agresión policial es el símbolo de la inutilidad de esta legislatura, no ya para ampliar y consolidar derechos, sino tan solo para frenar retrocesos. ¿Tenemos de verdad un gobierno de izquierdas? Su acción, desde que Sánchez lo nombró en noviembre de 2023, demuestra que no. El tabique nasal roto y la barbilla cosida de la profe jubilada lo certifican.

Tras la expulsión de Podemos del gobierno, precedida del derribo a Irene Montero como ministra de Igualdad, en el marco de la operación Sumar, con la artillería de las togas judiciales y los medios adeptos a la monarquía, nada huele a izquierda real en el gobierno de Sánchez. Todo es supervivencia. En esta legislatura ha habido un buen puñado de ocasiones para que los ministros de Sumar se planten y planten cara real a la inacción de Pedro Sánchez en materia de vivienda, de genocidio o de gasto en guerra y armas, las mismas que ha habido para que el sindicalismo de régimen lo haga de manera decidida. Ni están ni se les espera.

Pero lo peor de la legislatura es que, aún habiendo una mayoría parlamentaria que podía apoyar políticas de regeneración democrática del estado, se ha activado solo para la necesaria ley de amnistía. Ni Pedro Sánchez ni el PSOE, ni sus socios en el gobierno (Comunes, Más Madrid e IU) han querido actuar para que el CGPJ se nombre de acuerdo con lo que es de verdad España fuera de Madrid DF. Tampoco han querido limpiar las estructuras antidemocráticas de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado para evitar la mansedumbre con la que tratan a los manifestantes de ultras, en contraposición a la agresividad con la que acometen en las protestas sociales y antifascistas.

La agresión a la profesora jubilada y la chulería con la que algunos sindicatos policiales han respondido a la tibia respuesta crítica de la delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Pilar Bernabé, saca del marco institucional la realidad que se nos viene encima, alimentada por una legislatura inútil. Estamos viendo las consecuencias de haber permitido por acción u omisión la condena sin pruebas al fiscal general del Estado, al haber entregado todo el poder judicial al derecha más reaccionaria. Es la legislatura del desencanto.

En la militancia del PSOE están absortos viendo cómo la familia del presidente del gobierno es perseguida judicialmente. Entre tanto, en los cenáculos y medios de la derecha se escribe abiertamente que Pedro Sánchez será imputado tras dejar el gobierno y acabará entre rejas, porque le salpicará, y si no buscarán, como a José Luis Rodríguez Zapatero, la manera de que le salpique, alguno de los procesos abiertos contra la corrupción interna en las figuras de Ábalos, Cerdán o Leire Díaz.

La derecha española, sus cloacas judiciales y policiales, la monarquía, y sus conexiones con el trumpismo global, en el contexto de régimen de guerra global, crisis del imperio estadounidense y lucha por el control de recursos y rutas de las superpotencias mundiales, no necesitan a la socialdemocracia, siquiera liberal y derechizada, para vestir de democracia el Estado. Es el aroma en toda Europa.

Los poderes reaccionarios concentrados en Madrid DF lo quieren todo todo el tiempo. La imagen de una profesora de 68 años jubilada agredida por un armario antidisturbios es la imagen de la legislatura. Está en panaderías y peluquerías, mientras Pedro Sánchez y el gobierno que preside son el trampantojo de una farsa. Ni siquiera tiene el coraje necesario para hacer dimitir o cesar a Marlaska.

Si Sánchez no es capaz de limpiar su gobierno de quienes toleran por acción u omisión las acciones antidemocráticas dependientes de sus ministros, no puede presentarse como la solución a la entrada de un gobierno del PP y Vox. Necesitamos una alternativa, siquiera como alianza estratégica, acorde con la realidad del estado español fuera de los límites de Madrid DF.