Según Javier Gil, Investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científica, en su libro La generación inquilina, “La vivienda se ha convertido en el mayor depósito de riqueza del planeta”. Todos queremos comprar para alquilar, para especular, unos con sus ahorros de toda la vida, otros pidiendo préstamos que pagarán con el alquiler de esa misma vivienda que compra. Y eso solo es el comienzo de una acumulación de activos, bienes raíces lo llaman, el leguaje ayudando a cambia la realidad.
Si nos acercamos a los fondos buitres comprobamos que para éstos la vivienda es una fábrica de dinero, inmune a las consecuencias de sus manejos financieros. Llegan a decir que ellos, los especuladores de las vivienda, no son responsables de las consecuencias. Es el mercado y sus leyes, dicen los que compran edificios enteros, muchas veces de VPO que los gobiernos autonómicos le han rebajado su periodo de protección para luego subir el alquiler y expulsar a los inquilinos y convertir esos pisos en apartamentos turísticos o de alquiler temporal.
Es verdad que las leyes se lo permiten muchas a veces, leyes injustas, pero no podemos obviar que son personas de carne y hueso, aunque no lo parezcan, los que están detrás de los fondos buitre. Son malas personas. El problema de la vivienda es en estos momentos, junto a la sanidad, el mayor problema que sufre la sociedad española y especialmente la andaluza, que es de las últimas comunidades donde los y las jóvenes se emancipan más tarde.
No podemos permanecer impasibles ante este estado de cosas. Nuestro deber es preguntarnos una y otra vez: qué podemos hacer. Hacer, actuar, esa es la respuesta. Está cundiendo un desanimo muy peligros en la sociedad, todo es para nada, se oye decir, no hay nada que hacer, es la vida. Si lo analizamos bien, esto es lo que nos han inculcado. El capitalismo es listo, tiene mucho poder en todas partes y mucha psicología y paga muchos medios de comunicación. Mientras nos roban la sanidad, la vivienda, la educación, la cultura, convertida en consumo.
Todas y todos estamos dentro de este sistema -el capitalismo- no nos engañemos, pero aún tenemos la capacidad de pensar y saber por tanto dónde está nuestro enemigo, que no es mi igual, el que sufre las mismas dificultades que tú o yo. No es el emigrante, ni el pobre, ni el que tiene otra cultura. No, los enemigos son los amos de las finanzas, del dinero especulador y de la ausencia total de empatía. Tengo por lema: organizar la rabia, defender la alegría. Pues eso.

