Moreno ha firmado y comparte, muy a gusto, las condiciones impuestas por dos parlamentarios, a cambio de seguir disfrutando otros cuatro años, de vivir junto al río, en el “Versalles” andaluz, algo no al alcance de cualquiera, aunque en la práctica se haya visto obligado a entregar el poder a Vox, con “una sola” macro Consejería. Matemáticas políticas, ya no se acuerdan cuando llamaban “gobierno frankenstein” a otra coalición en la que ellos no tuvieron cabida. Es como cuando el hijo de un vecino esperaba en la cola del economato a cambio de una propinilla. Ellos cobran de todos nosotros en el Parlamento para gritar “los españoles primero”, inconscientes los “angelitos” que español es quien ha cumplido un trámite llamado censo, aunque ellos sólo cuenten a los nacidos en la península y al mismo tiempo coreen a cinco reyes nacidos fuera, el último en Roma.

Al final, la “prioridad nacional” se ha quedado en que los nacidos en el interior no hagan cola para acceder de una vivienda de protección oficial, (una cosa: ¿eso existe todavía?) medida inaplicable por oposición al artículo 14 de la Constitución y el primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos, a la que se somete la propia Constitución en su artículo 10 y alguno más, todo, después de negarse ambos a facilitar vivienda digna y asequible y plantear falsas soluciones, tan falsas como las subvenciones al alquiler, sólo válidas para mejorar el beneficio de los arrendadores. Medidas muy útiles para bancos, fondos buitre y grandes tenedores como la familia Aznar, aunque se disfracen con enunciados y razonamientos perfectamente manipulados (Ver: puntos del 46 al 59).

En resumen, Vox fomenta la discriminación y la probreza, algo muy propio, en su fanatismo trumpista, que para algo les presta su agencia de promoción, para convencer a toda la peña desinformada de haberle hecho un favor. Moreno cede el poder, pero se queda el cargo y la posibilidad de figurar en la inauguración de pantanos. Muy interesante, por cierto, la necesidad lacerante de agua, donde siempre estamos mirando al cielo a la espera de la necesaria lluvia, cada vez más escasa porque el tiempo “no está cambiando” (ni ná) y sin embargo, los del vestido verde plantean aumentar regadíos y priorizar el agua con ese fin, defienden las macro granjas para competir con la pequeña y mediana ganadería, con eso favorecen la contaminación, aseguran a multinacionales su dominio del mercado y el suministro de carne de dudosa calidad. Y se colocan frontalmente contra la conservación del patrimonio natural, al, además, fomentar la caza o la pesca de arrastre para ir eliminando especies o envenenándolas, creando grave riesgo a la alimentación humana; despreciar las políticas climáticas o eliminar la prohibición de fitosanitarios, ignorando voluntariamente que al dañar la naturaleza dañan la vida del ser humano y a quien defiende el derecho a comer o respirar sano lo llaman despectivamente “lobby animalista” o “agendas ideológicas”. Será para disimular la ideología que les mueve. (Ver: epígrafes “sector primario” y “Medio Ambiente).

Una ideología adelgazante, siempre contra la subida de salarios y las bajadas de impuestos al gran capital (IBEX, banca, grandes constructoras e inmobiliarias, grandes tenedores de vivienda, especuladores todos, únicos con posibilidad de “invertir”, en vivienda para seguir aumentando precios y por tanto haciendo trizas varios artículos de la Constitución, como el derecho a la vivienda, a la enseñanza o a la sanidad, todo en proceso acelerado de privatización. Por ejemplo “concertación progresiva del Bachillerato” (punto 72), para ir limitando la enseñanza a quien pueda pagarla, en lugar de cuidar y promover la educación pública. O para defender lo español en los comedores públicos y postergar lo andaluz, debido a su menor peso económico, el cual en ningún caso se prevé promocionar. (punto 66). O impedir a miles de personas  estudiar idioma árabe, y provocar una reacción contraria a la labor del Instituto Cervantes en el extranjero (punto 64). O llamar adoctrinamiento a la enseñanza de la Historia, imponiendo una asignatura obligatoria de “Historia del terrorismo”. (punto 71).

Otros preceptos plenamente negativos del acuerdo, son: proteger los festejos taurinos populares (encierros, toro de fuego y otras bestialidades) y llamar “discriminación ideológica” a estar contra la tortura animal (punto 140), exigir más gastos para sus propias prioridades ideológicas (prohibir subvenciones a organizaciones culturales, liberalizar la contaminación al suprimir impuestos a bolsas de plástico, emisión de gases y vertidos al agua) (punto 9), o supresión total de subvenciones a ONG que salven vidas de inmigrantes, en clara contradicción con la Ley del Mar y la Declaración de Derechos Humanos. (punto 16).

Pero las contradicciones son el punto fuerte del acuerdo PP-Vox, por ejemplo haber llenado las sesenta páginas de sus exigencias con cosas ya en marcha o correspondientes a la Administración del Estado. Y exigir un aumento del gasto y subvenciones en aquellas materias especialmente defendidas por ellos mismos (y en alguna graciosa concesión aislada, para que no destaque tanto su “mileísmo”), y al mismo tiempo bajar impuestos a grandes fortunas, ambientales, IRPF (que beneficiaría escasamente al trabajador y mucho a los altos salarios ejecutivos) y otros muchos que salpican las sesenta páginas del acuerdo.

¿De dónde pensarán sacar el dinero para sus nuevos gastos, aunque ahorren los ajenos a su ideología? No podemos creer en su imbecilidad, por lo que es lógico pensar que su intención es confundir para mantenerse otros cuatro años. En definitiva, ciento cincuenta puntos para enredar y simular, para empeorar. Y para adelgazar porque con más contaminación habrá menos comida pero más peligrosa y con menos ingresos, menos servicios con gravísimo riesgo para alimentación, enseñanza, sanidad, trabajo y vivienda.